Los últimos chigres de Oviedo

Una propuesta personal de ruta de los vinos por los bares de “paisano” que conservan la solera y la clientela tradicional gracias a su encanto

avelino2
Bodega de Avelino

Son apenas un puñado, pero ahí están, resistiendo el paso del tiempo, con dignidad y solera y manteniendo su personalidad.

Ellos conservan los ambientes, los empleados, los clientes de siempre, sus especialidades culinarias, sus vinos de granel y su vajilla extemporánea, y no pasan de moda. A su alrededor hay muchos más establecimientos, con miles de euros de diseño invertido, estilo forzado, copas altas, clientes encorbatados y mucho cartón piedra. Pero para los chigres de toda la vida de Oviedo -cada vez menos- los nuevos bares no son ni fueron nunca competencia, porque sus clientes buscan lo que buscaban sus padres y sus abuelos: buen trato, calidad y autenticidad, valores cada vez más escasos. Vaya por delante que el recorrido que aquí hacemos no es exhaustivo. Son todos los que están, pero no están todos los que son. No andaríamos desacertados, sin embargo, si decimos que no hay más de una docena de estos chigres con solera en la ciudad.

granvia1Gran Vía, desde 1898

Comenzamos la ruta en la zona alta, en la Gran Vía, una sidrería popular fuera de lugar, al estar en un entorno de cafetería fina y vinoteca elegante, en la llamada milla de oro de Oviedo. En este establecimiento, probablemente el más antiguo de la capital (fue fundado en el edificio de enfrente en 1898) hay sidra, sobre el mostrador se ven andaricas y bígaros y los paisanos hablan a voces. A las doce de la mañana está lleno. Recogen desertores de una de tantas manifestaciones del entorno de la Casa Sindical. Precisamente sindicalistas, políticos y funcionarios son clientes habituales, aunque se mantienen los viejos de siempre.

La Gran Vía abrió sus puertas cuando España perdía las últimas colonias de su antiguo imperio. El edificio que ocupaba, y cuya fotografía se cuelga en la pared del actual local ubicado en la avenida de Galicia, estaba haciendo esquina entre esta avenida y la calle Asturias. El negocio se mantuvo abierto ininterrumpidamente hasta que cambiaron de acera. Durante muchos años este establecimiento estaba prácticamente a las afueras de Oviedo, había apenas algunos chalés mientras que el resto eran praos. El nombre de la sidrería se debe a que esta calle se llamaba antiguamente la Gran Vía, al menos, como dice Tolivar Faes, en la parte más cercana al Campo de San Francisco. Su “nueva” ubicación es de hace 33 años.

granvia2La Gran Vía ha sido regentada desde 1898 por tres familias. Las dos anteriores eran procedentes de Nava y la actual, los Fernández Huerta, son de Oviedo. Ellos abrieron la sidrería hace 24 años (anteriormente solo se servían vinos). Manuel Fernández Huerta es el cabeza de familia que, aunque presente siempre en el local controlando, echando una mano y charlando con la clientela, ya abandonó la primera línea en favor de sus tres hijos. Ellos llevan todo, incluyendo la cocina, conocida en todo Oviedo por sus fabulosas cebollas rellenas, su merluza a la sidra y a la cazuela y la caza en temporada, así como por sus callos. Es también un lugar idóneo para comer oricios frescos cuando los hay y organizar tertulias. “Antes había muchas tertulias de paisanos pero fueron muriendo y cada vez son más escasas”, comenta Luis Fernández, uno de los hijos del fundador.

 

La Paloma y el vermut centenario

paloma3
Carmen, hija de Ubaldo, fundador de La Paloma

Bajando desde Gran Vía hacia Uría y tomando luego dirección hacia la Estación, nos encontramos, adentrándonos un poco en la calle Independencia, a uno de los clásicos de la hostelería ovetense: La Paloma. Si se viene de vinos no hay problema en seguir el palo, porque los tiene buenos, aunque se recomienda su vermut de solera. No es que ellos lo fabriquen, sino que introducen el de sus proveedores en barricas de madera centenarias “lo que le da un sabor especial a madera y a solera”, explica Carmen, la hija de Ubaldo García, alma mater de este negocio y que hoy, por su edad (tiene ya 81 años) se ha distanciado un poco de la primera línea de batalla, cediendo el protagonismo.

La Paloma fue fundada en 1900 en la calle Arguelles por un canónigo al que se le conocía con el mote de el Palomo quien lo traspasó a José Mª Fernández Núñez, el cura de Mallecina, que a su vez lo traspasa a Josefa Ordóñez. Ésta señora lo amplía con fonda y casa de comidas. Según relata Carmen, en 1914, Manuel Rubio, Faustino del Llano y Ángel Menéndez, todos oriundos de Salas, constituyen una sociedad y toman el traspaso del alquiler de La Paloma. En ese momento compran las 3 primeras barricas de vermut, que son las que hoy se utilizan todavía y que le dan su toque envejecido.

En 1947 los propietarios contratan a Ubaldo García, con 14 años cumplidos y que también es de Mallecina. Allí aprende el oficio de camarero y conoce a su futura esposa Orfelina, que entró a trabajar también en la Paloma. Años más tarde Ubaldo y  Orfelina montan el bar de la Casa Sindical de la calle Argüelles (y luego en General Ordóñez) aunque tras este paréntesis volverán para hacer renacer La Paloma.

El edificio de la antigua Paloma fue derribado en 1975 y Ubaldo y su mujer compran el nombre comercial y las barricas y se instalan en la calle Independencia.

La especialidad de La Paloma es el vermut, que sale de las barricas centenarias a través de unos serpentines y un enfriador que deja la bebida en 4 grados centígrados, su punto de degustación. Pero además, comparte protagonismo con las gambas a la gabardina, aperitivo de la que son auténticos expertos en este establecimiento, como lo son en su cocina tradicional a base de fabada, pote o patatas rellenas de carne, entre otras especialidades que se ofrecen diariamente.

paloma2Hoy entre la clientela cuentan con nietos de los primeros parroquianos y se va incorporando gente joven, aunque sin perder al cliente de toda la vida. Llama la atención el que la plantilla de este establecimiento sea también la de siempre: hay camareros que llevan entre 30 y 43 años trabajando ininterrumpidamente, como es el caso de José Benavides, probablemente el camarero con más oficio de Oviedo. “Se formaron con mis padres y hoy siguen aquí” cuenta Carmen, para quien es muy importante en un momento como el actual que la plantilla sea estable porque imprime al negocio calidad y un trato personal al cliente.

paloma1Carmen García se hizo con la dirección del negocio hace 6 años. “Nos costó convencer a mi padre, que tenía 75 años, de que lo dejara. No había quien le echara, era un fanático del trabajo”. Carmen conoce bien el oficio, pues desde pequeña se iba acoplando a las diversas tareas que le iban encomendando para ayudar. ¿Y cuál es el truco para que un negocio lleve tantos años funcionando tan bien?: “que te guste lo que haces y atender bien a los clientes”, comenta. A pesar de todo, la crisis afecta mucho “pero no de una manera tan fuerte como a otros negocios que llevan menos tiempo”.

 

Los vinos de Avelino

Siguiendo hacia la llamada Ruta de los Vinos, en la calle Manuel Pedregal, vamos a entrar en otra bodeguita de toda la vida. Rodeada de vinaterías modernas cuyas mesas se adornan con copas de altos tallos de buen cristal y en donde chatean jóvenes, ejecutivos y políticos (la sede del PP está en esta calle) comerciales con sus trajes impecables y señoras con buenos abrigos, aparece la bodega de Avelino, en donde el vino es de León y se sirve en vasín pequeño, el que se usaba antiguamente en los chigres ovetenses. Aquí entran paisanos (y paisanas por supuesto). A la hora del aperitivo no cabe un alma.

Avelino González
Avelino González

La bodega que regenta Avelino González, un veterano de la hostelería carbayona, está abierta desde hace 20 años, mucho antes de que se pusiera de moda la citada Ruta de los Vinos. Se bebe el vino que siempre se tomó en Oviedo, el de las bodegas Regias de León (hoy Señorío de los Arcos). La edad media de la clientela de Avelino ronda los 50-60 años.

En Avelino se comen excelentes embutidos y también escalopines, riñones de lechazo y setas de primavera, emulando quizás a uno de los clásicos que desapareció hace años: La Quirosana, que estaba en Fray Ceferino, no muy lejos de aquí.

“Aquí sigue habiendo paisanos de chatear, aunque hay gente de generaciones más jóvenes”, explica Avelino, un hombre que tiene tras de sí un amplio currículum en el mundo de la hostelería local, ya que trabajó en bares en Vallobín y en Buenavista y tuvo el privilegio de ser el fundador de lo que hoy es Casa Ramón en el Fontán allá por los años 70 del siglo pasado. “Entonces era un barín muy pequeño y tenía la cocina debajo de la escalera. Lo habilité yo como bar, ya que era una pescadería”, explica.

Avelino es otro negocio familiar que se lleva de padres a hijos y espera que las siguientes generaciones que le siguen prosigan con su bodega.

De mistelas en Montoto

IMG_7107Dirigiéndonos hacia Salesas, llegamos a un territorio que antiguamente era la auténtica zona de vinos de Oviedo. Entre los ejes Nueve de Mayo, Caveda y San Bernabé, que entonces no eran peatonales, hace 30 y 40 años era tal el gentío que se concentraba en la calle tomando sus chatos, que había siempre problemas con los vehículos, a los que la aglomeración impedía circular. Allí estaban el Marchica, El Manantial, Casa Montoto, Hermanos González, el Artabe y un poco más allá, La Perla, (ya junto al Campoamor). De todos ellos solo ha sobrevivido Casa Montoto que, además, mantiene exactamente el mismo aspecto que tenía, a excepción del viejo mostrador de madera que se sustituyó por uno de acero.

Montoto abrió sus puertas al público en octubre de 1976, en plena transición. Aquí paraba la juventud de entonces a tomar sus mistelas, como lo hace hoy. Antes de esa fecha era un depósito de cerveza de El Águila Negra. Sus fundadores, hoy fallecidos, fueron José Luis Díaz Barbón y Mercedes Suárez Montoto, cuya madre era la dueña del almacén, y que bautizó a este señero establecimiento.

Paco con los famosos bollinos preñaos de Montoto
Paco con los famosos bollinos preñaos de Montoto

Son tres las generaciones que han regentando el negocio, al igual que siguen siendo tres las generaciones de clientes que siguen tomando en vasín pequeño su mistela, su tinto o su clarete. Vinos, por supuesto de procedencia leonesa de Bodegas Regias. Pero lo que atrae a la clientela, además del vino,  son sus mini bollinos de chorizo calientes, que elaboran ellos mismos y las empanadillas de bonito.

Hoy el bar lo llevan con soltura los tres nietos de Luis y Mercedes: Ana, Francisco y Mercedes y hay días en que es imposible entrar, especialmente si uno acude a esta casa a tomar el aperitivo un sábado al mediodía.

La mistela sigue siendo la bebida que más gusta a los jóvenes, que de esta manera siguen una tradición ya antigua y que en otros sitios ha ido decayendo en beneficio del vulgar calimocho. Por eso en Montoto se pueden ver clientes jóvenes, viejos y de mediana edad. Y aunque su clientela es habitual, el haber aparecido en un programa de una cadena de TV nacional les ha incluido en los circuitos turísticos.

Muñiz, sidreros de toda la vida

muñiz1
Pepe Sánchez Muñiz

Nos encaminamos hacia el Norte de la ciudad. Primero pararemos en la sidrería Muñiz, en la calle La Lila, para posteriormente atravesar General Elorza y adentrarnos en Pumarín. Muñiz mantiene el antiguo y demodé  cartel luminoso de la calle y aunque se han hecho algunas reformas interiores, conserva sus características columnas de fundición.

Esta es otra casa con solera y regentada siempre por una misma familia. La abre hacia 1959 el avilesino José Muñiz Gutiérrez, un nombre importante ligado al mundo de la sidra, ya que fue el fundador del Llagar Muñiz de Tiñana, aunque posteriormente vendería este negocio. Hoy la sidrería la lleva su nieto Pepe Sánchez Muñiz.

IMG_7111Siempre fue sidrería, al menos desde que don José lo abrió, aunque se sabe que anteriormente daba servicio en el mismo local el Mesón El Ciervo que, con anterioridad se había instalado sobre una vieja cochera. Don José trabajaba en el también famoso y desaparecido bar El Transporte hasta que montó su negocio en La Lila.

La sidrería, además de sus columnas, conserva el mostrador original de mármol blanco y también a sus clientes de toda la vida (los que no han muerto) que, como en los demás casos, traen también a sus hijos y nietos.

Por supuesto se conserva la tradición de su plato especial, muy conocido en todo Oviedo: el pollo al ajillo, del que son expertos.

 

Un bodegón con aire de 1945

bodegon1Abandonamos Muñiz para atravesar General Elorza, bajar unos metros por la calle Pumarín, y adentrarnos en la calle Buenaventura Paredes. Aquí encontramos una de las joyas de los chigres tradicionales ovetenses: El Bodegón Don Vinazo. No ha perdido ni un ápice de su encanto y el vino de Cacabelos (Bierzo) recorre los serpentines por los techos y paredes para llegar al grifo y entrar en la botella a la temperatura adecuada. Como no podía ser de otra manera, se sirve en vaso pequeño de chato y en porrón.

Su actual propietario lo es desde hace 25 años y se llama Luis Suárez Mon, que lo regenta junto a su mujer Flor, que no para de mesa en mesa ofreciendo a los parroquianos unos aperitivos de oreja de cerdo. El local, sin embargo, funciona desde los años 60 y allí paraban los empleados de la antigua empresa de transportes Mateu y Mateu, situada a la vuelta de la esquina, a la que acudían con su gerente, ya fallecido, Angelín Vigil.

Luis y Flor
Luis y Flor

El bar sorprende por sus elementos decorativos como el del cuadro de un “carbayón” gigantesco que cubre toda la pared, sus lámparas de cristal, sus barricas, sus mesas, sus cuadros… y es que su fundador, José Jenaro, era un amante de la estética de bodegón “y lo puso a capricho”, nos cuenta Luis. Hasta tal punto se lo tomó en serio lo de crear el ambiente apropiado, que acudió a la subasta de los bienes del antiguo Hotel Oviedo, que estaba en la calle Covadonga y compró hasta la puerta de entrada del chigre. Todos los objetos son del año 1945, así que entrar en este bar es como viajar al pasado.

Con el vino se puede tapear buen chosco de Tineo, lacón, chorizo, sardinillas, queso y latería variada. Los clientes son los de toda la vida, aunque predomina el paisanaje entrado en años, que organiza tertulias muy concurridas y animadas mientras refrescan el gaznate con el vino de los porrones: “aquí todo el mundo pide porrón, siempre fue así”. Muchos son del barrio, aunque viene gente de todo Oviedo por su fama y además los vinos cuestan 60 cts.

La Belmontina y las tertulias republicanas

belmontina2Para finalizar el recorrido por los chigres de más solera de Oviedo volvemos a subir por Pumarín, cruzamos la línea de Elorza y ascendemos hacia la Catedral. Junto a la basílica ovetense, enfilando ya hacia la calle del Águila, se encuentra probablemente otro de los chigres más antiguos de la ciudad: La Belmontina.

Manuel Rodríguez Llano lo regenta, aunque en un segundo plano porque ahora mismo el trabajo lo hace María Belén Rodríguez Muñiz.

Manuel cogió el negocio hace ya 39 años, aunque, nos recuerda un cliente habitual: “yo en 1948 ya lo veía abierto”. Su fundador fue Plácido Hevia, quien abrió el negocio probablemente después de la guerra y desde entonces ha estado funcionando ininterrumpidamente a manos de tres generaciones.

Su especialidad es la tortilla en diferentes variantes: de patata, de chorizo y de champiñón, y no hay que perderse los jueves por la mañana el hígado encebollado.

Todavía se celebran aquí interesantes tertulias entre los parroquianos, muchos de ellos periodistas como Lorenzo Cordero aunque también personajes locales como Plácido Menéndez Arango y, hasta su reciente fallecimiento, Macrino Suárez, que llegó a ser ministro de Economía en el último gobierno de la República Española en el exilio entre los años 1971 y 1977. Sus contertulianos, tras la muerte de su compañero, decidieron cambiar de mesa por eso del mal fario. Era también un parroquiano de este chigre el padre de Fernando Alonso, el piloto asturiano de Fórmula 1.

Las famosas tortillas de La Belmontina
Las famosas tortillas de La Belmontina

Intentamos pasar por otras reliquias como Casa Ramón, en El Fontán, o El Nalón, en Fray Ceferino, para completar el recorrido, pero estaban cerrados. Ambos son famosos, el primero por su merluza a la sidra y el segundo por sus pinchos y comida tradicional pero sobre todo por estar en uno de los rincones con más encanto de Oviedo. Tampoco hay que dejar a un lado otras instituciones chigriles como El Ovetense, en la calle san Juan, cerca de la Audiencia o el más apartado pero de gran solera El Carbayón, en la cuesta de la Vega (calle Azcárraga)

…………

Texto y fotos Fernando Romero. Reportaje inédito. Se permite su publicación citando su procedencia y el nombre del autor.

Advertisements

One thought on “Los últimos chigres de Oviedo

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s