Archivos privados de Asturias (III): Los duques del Parque o la voracidad recaudatoria de la nobleza

De origen humilde, el boalés Benito Trelles fundó este linaje gracias a sus matrimonios, su astucia y su conocimiento de las leyes

descarga (31)Una de las joyas del Archivo Histórico de Asturias es el legado documental de la Casa de Trelles, los poderosos duques del Parque, con posesiones en toda Asturias y en numerosos territorios de Guadalajara. Los archivos que se conservan de la Casa de Trelles abarcan un periodo de cinco siglos (1470 a 1878) y se guardan en 34 cajas, todo un caudal de información a disposición de los investigadores de una de las familias nobles, aunque de origen humilde, que más riqueza acumuló de España gracias a los numerosos impuestos que cobraba en tierra y mar en sus enormes posesiones.

Además de tierras y riquezas, los Trelles acumulaban por sucesivos matrimonios muchos títulos nobiliarios que les daban privilegios especiales.  Eran los duques del Parque, marqueses de Vallecerrato, Príncipes de la Sala, marqueses de Castrillo, marqueses de Villavicencio y duques de san Lorenzo, entre otros honores.

El archivo permaneció en poder de la familia hasta su venta a un anticuario de Madrid. El Director de la Real Academia de la Historia, el asturiano Gonzalo Anes, informó a la Consejería de Cultura de la existencia de este archivo iniciándose los trámites de adquisición. La operación se cerró con éxito en 1998 y hoy Asturias dispone de uno de los archivos privados más completos.

Lo más importante  del fondo se refiere al vínculo y mayorazgo fundado por Benito Trelles y su mujer, Isabel de Agliata, princesa de la Sala, fuente original de las propiedades de los Duques del Parque, de los mayorazgos de Arenillas (Guadalajara) y de otras propiedades y derechos jurisdiccionales vinculados a la Casa.

Los Duques del Parque eran unos auténticos recaudadores de impuestos, por medio de los cuales construyeron su imperio. Ostentaban, por compra o por merced, numerosos derechos jurisdiccionales entre los que se contaban diezmos de la mar en los puertos de Gijón y Cudillero y alcabalas, diezmos y cientos en los concejos de Castropol, Tapia, Navia, Corvera, Valdés, Pravia y Piloña, así como en varios municipios de la Provincia de Guadalajara.

Percibían numerosos derechos de alcabalas, uno de los impuestos más importantes de la Corona de Castilla. Al principio consistía en un 5% del valor de las cosas enajenadas, aunque posteriormente fue elevado al 10. La alcabala se cobraba tanto sobre muebles como inmuebles.  Este tributo gravaba el volumen de las ventas y era el que más ingresos producía a la hacienda real y a algunos nobles poderosos como el señor de Trelles.

Los duques del Parque  disponían además de multitud de propiedades inmobiliarias en estos y otros concejos, especialmente en la zona occidental de Asturias y contaban con derechos de presentación de diversos curatos, siendo fundadores de obras pías y capellanías.

Un pequeño hidalgo de provincias

La historia de Benito Trelles es la historia de un pequeño hidalgo de provincias que llegó a las más altas cotas de poder nobiliario merced a sus matrimonios y a su buena posición en la Corte. Constantino Suárez (Escritores y artistas asturianos, Oviedo, 1959), dice del duque del Parque que llegó a la opulencia económica y a las más altas dignidades desde una humilde casa de labradores

Benito Trelles Coaña y Villamil fue favorecido en su ascenso por  Felipe IV de España, quien le le concedió el Marquesado de Torralba (1650) y el Principado de la Sala de Partinico (1660). Este boalés de la baja nobleza era hijo de Gonzalo Méndez de Trelles y Coaña y Catalina Suárez de Trelles y su ascenso comenzó con un pequeño empujón que le dieron dos tíos suyos, curas párrocos en Navia y en Miudes (El Franco). Gracias a ellos y a su inteligencia, cursó gran parte de la carrera de Leyes en Oviedo, estudios que completó en Salamanca, donde ingresó como becado en 1643 en el Colegio Mayor de San Salvador de Oviedo. De este colegio salió en 1649 promovido a oidor en Santa Clara, en el reino de Nápoles, de donde pasó pronto a consultor en el de Sicilia.

Ya en Italia su alianza matrimonial le hará ascender en el escalafón social. Contrajo matrimonio con Teodora Carrillo de Albornoz, segunda señora de Bonanaro, baronesa de Ytri, de Yri, de Odas de Meylogo y de Costa de Bals (todas en Cerdeña).

Pronto, Benito queda viudo y con una hija. Su segundo matrimonio aumentó aún más su riqueza y sus títulos. En esta ocasión lo hizo con Isabella María Alliata, II duquesa del Parque, hija de los príncipes de Villafranca. Esta boda le daría el principal título de la familia, el ducado del Parque. A partir de este momento empieza a acumular honores. Además de los títulos que obtiene se le nombra caballero de la Orden de Santiago, señor de la Casa de Meiro, de Coaña, de Trelles y de Villamil, del Consejo de Castilla en Italia, segundo regente del Consejo de Italia, del Consejo Supremo y de la Cámara de Castilla, oidor en Sicilia y Nápoles y señor de Lantoira. Una colección de títulos para el labrador de Boal.

Aunque asturiano por los cuatro costados, llega a ser medio italiano por su matrimonio y sus largas estancias en estas tierras. En 1652 ocupó en Nápoles la regencia del Consejo Supremo de Italia, en donde permanecerá  once años. En 1664 regresó a España para desempeñar el todavía más alto de miembro del Consejo de Castilla y fallecerá desempeñando su puesto de consejero el 12 de junio de 1670.

Siendo consejero de Castilla hizo numerosas aportaciones económicas para fundar el antiguo y desaparecido hospicio. En estas tareas publicó bajo el seudónimo de Juan Ordóñez el volumen titulado Tratado del recogimiento de los pobres y Tratado sobre la regia potestad, Memorial genealógico de las casas del conde de Orgaz y sus apellidos de Mendoza, Guzmán y Rojas.  Este último era una alegación en favor de su mujer, la marquesa de Torralba, sobre unos feudos disputados por otro noble.

Y a pesar de ser un hombre considerado muy docto, especialmente en temas históricos y jurídicos, su principal actividad era la recaudatoria, tal como se puede comprobar observando el legado que dejó y que obra en el Archivo de Asturias. Todos esos privilegios le daban la posibilidad de cobrar numerosos impuestos. La mayoría de la documentación que se conserva en el archivo tiene alguna relación con la voracidad recaudatoria de él y de sus descendientes, con pleitos de vecinos que no querían pagar o que consideraban abusivas sus imposiciones tributarias.

Una parte importante de la documentación hace referencia a su genealogía. Lógicamente estas familias, cuando empiezan a sumar títulos, necesitan tener clara su estirpe y contabilizar sus posesiones porque serán la base de sus privilegios recaudatorios.

Sin embargo es su hijo y futuros descendientes quien más se van a preocupar de los impuestos. Así, en 1683 aparece un memorial presentado al rey por Gonzalo Trelles Agliata, hijo de Benito. En 1697 el mismo personaje pide privilegios de alcabalas y diezmos de la mar a los marineros de Gijón. Se supone que tenía derechos de cobrar estos impuestos.

Sin embargo, los duques no eran tan celosos de los impuestos cuando les tocaba pagar a ellos. Así lo vemos en los autos que se custodian en el archivo, fechados en 1690, practicados por la Real Hacienda contra Gonzalo Trelles Agliata “por la deuda que tiene con la Corona en relación a las alcabalas y cientos”.

De 1708 es el derecho de la duquesa del Parque de cobrar las alcabalas y otras rentas en varios pueblos de Asturias y Guadalajara (villa de Balconete). En este territorio los duques eran poseedores de numerosas rentas. En los documentos se hace referencia a varios pueblos de este territorio castellano, en concreto Valdeavellano, Atanzón, Iruestes, Luypiana, Horche, Romanones y Yélamos.

En Asturias los Trelles cobraban rentas en Castropol, Navia, Valdés, Cudillero y Piloña. Pero también en Oviedo los duques obtuvieron dinero de un censo impuesto por la ciudad a favor del mayorazgo de Trelles. Esto ocurre entre 1734 y 1735 y la documentación sobre este censo está guardada en el Archivo asturiano.

Más de lo mismo: en 1737 se firma un convenio entre el duque del Parque y el puerto de Cudillero y las parroquias de san Juan y Piñera, del concejo de Pravia, sobre el pago “del uno y medio por ciento de todo lo vendido a favor del duque”.

Una de las joyas de este legado está fechada en 1752. Los duques reciben un Privilegio real de Felipe IV cuyo documento conservado es el original y está encuadernado en piel en pergamino. Era un privilegio de alcabala en Guadalajara.

Ser recaudadores también les da problemas. En 1756 el rey Fernando VI ordena que las rentas de alcabalas de varios pueblos de Guadalajara del duque del Parque “se reduzca en cuantía”. Hasta el propio monarca tuvo que intervenir para frenar los abusos de los duques sobre sus súbditos.

En 1762 Manuel Joaquín de Cañas Trelles, duque del Parque y marqués de Vallecerrato y de Castrillo pide información sobre el número de vecinos, pares de labor y riqueza de la villa de Valdeavellano, en Guadalajara. Su objetivo era saber cuánto tenía que cobrar a la vecindad. Prosigue la voracidad recaudatoria de esta familia.

Entre los impuestos que obtenía esta familia estaban los de los mareantes. Así, con fecha de 1781 aparece un documento con las condiciones de arrendamiento del derecho de cientos que posee el duque del Parque a favor del gremio de mareantes de Cudillero junto con la escritura de arrendamiento de 1782.

Entre 1738 y 1776 se producen varias acciones legales del concejo de Pravia contra el duque del Parque por el derecho de cientos, otro impuesto similar a la alcabala. Como se ve, esta familia, aunque tenía importantes privilegios, era también contestada por los contribuyentes sobre los que recaían los pesados tributos. Nuevamente la Corona tuvo que limitar estos derechos del duque y en Guadalajara llegó incluso a enajenar muchos derechos de renta de estos aristócratas, tal como se recoge en la numerosa documentación que se conserva en el Archivo.

Pero además de sus derechos tenía  su propio personal para ir a cobrar a los pobres contribuyentes. Así vemos una orden de 1713 dada a Melchor Cuervo Arango, ministro ejecutor del duque, “para que vaya a cobrar las rentas de cientos del puerto de Tapia”.

No debía ser una persona muy querida por sus vasallos, especialmente por los pescadores de numerosos puertos que tenían que darle parte de sus ingresos, que tampoco serían muy cuantiosos.

La recaudación llegaba hasta cualquier punto de Asturias, y así se puede ver en la documentación archivada que para pescar salmones en la villa de Pravia había que pagar una renta de cientos al señor duque. De cualquier actividad económica (o deportiva) se llevaba sus buenos dineros la familia de Trelles.

 

Un palacio con mucha historia 

imagesUna de las principales posesiones de la Casa de Trelles es el palacio del Fontán en Oviedo.

Este palacio tiene sus orígenes en el año 1687, en el que el primer Duque del Parque arrenda una casa colindante a la Casa de Comedias de la plaza del Fontán. En 1723 Isabel Trelles-Agliata y Valdés hija de Benito Trelles, adquiere los solares situados en los alrededores para edificar el palacio.

El ayuntamiento, según explica José Tolivar, tenía una casa al lado de la de Comedias y ya en 1687 el duque del Parque “interesó su arriendo”. En 1723, la primogénita y heredera del mayorazgo, Isabel y su marido Francisco Antonio de Cañas y Acuña, marqués de Vallecerrato, dispusieron levantar el palacio en ese sito, en el que ya existía una antigua casa. Dos años más tarde se denuncian supuestos daños que la nueva construcción ocasionaba a la Casa de Comedias por la derecha y a la fuente por la izquierda “pero el hermoso palacio fue concluido por el arquitecto Francisco de la Riva Ladrón de Guevara y su estilo fue imitado más tarde en el que Camposagrado construyó cerca de la fortaleza y que hoy se utiliza para Audiencia”.

De este arquitecto escribió un libro el historiador Vidal de la Madrid y de él dice  que protagonizó la actividad constructiva en Asturias durante la primera mitad del siglo XVIII. “Su estilo, basado en la rigurosa ordenación de las superficies y en el empleo de recursos ornamentales vigorosos y claroscuristas, garantizó la presencia del barroco autóctono cuando ya se encontraba en conflicto con las corrientes artísticas cortesanas”.

A los lados del balcón central ostentaba el palacio del Duque del Parque los escudos de esta casa y la de Vallecerrato, hoy reemplazados por los de su posterior propietario y restaurador, Antonio Sarry, que lo compró el 1 de junio de 1892. Este palacio guarda en su interior  numerosas obras de arte, algunas de incalculable valor.

Años después el palacio fue vendido al ayuntamiento de Oviedo que instaló en 1794 la fábrica de armas. Las oficinas y almacenes de la fábrica permanecieron en estas dependencias hasta 1857 en la que se trasladó al solar del monasterio de Santa María de la Vega. En junio de 1892 fue adquirida por los marqueses de San Feliz (en concreto por Antonio Sarri), familia a la que pertenece en la actualidad. A este palacio acudió alguna vez el Príncipe de Asturias cuando acudió a Oviedo a la entrega de los premios que llevan su nombre.

Fue también fábrica de tabacos, sede del Colegio Santa Cecilia, del Colegio Santo Ángel y durante el cerco a Oviedo en la Guerra Civil española, las autoridades franquistas lo utilizaron como ayuntamiento.

 

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