El bosque encantado

El pueblo de Corias custodia en plena naturaleza cientos de juguetes de varias generaciones colocados durante años por dos familias

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Asturias es un territorio lleno de rincones sorprendentes. Enclaves naturales, fauna y flora, gastronomía y una amplia oferta etnográfica y cultural son algunos de los atractivos que colocan al Principado entre los lugares preferentes para el turismo rural. Sin embargo, apenas muy pocos asturianos conocen un bosque realmente encantado, fuera de las rutas oficiales, lleno de misterio y… de juguetes.

Dos familias de Corias de Pravia atesoran un secreto que solo muestran a algunos visitantes. En el bosque de “El Valle” hay un castañal y un eucalital entre cuyas hojas, ramas y raíces se esconden dinosaurios, enanos, brujas, monos, soldados, muñecas, ovejas, casas de muñecas y muchas otras figuras. Juguetes y miniaturas diseminados por el suelo del bosquecillo, a ambos lados del camino que lo atraviesa y que deja al visitante perplejo y gratamente sorprendido.

A la belleza del entorno de este pueblo praviano, que tiene como principal vecino al río Narcea, hay que sumarle una imagen muy especial, la de cientos de juguetitos de todo tipo colocados por un bosque y que asombran a niños y mayores.

Inicialmente el excursionista se adentra en el típico bosque asturiano de media ladera, en donde se pueden encontrar algunos ejemplares arbóreos muy antiguos, aves rapaces o jabalíes. Pero, en cuanto bajan la vista y miran el suelo cubierto de hojas, asoma una pequeña bruja, un lagarto, una serpiente, un gorila o simplemente un gnomo. Son juguetes que han sido colocados en pequeños grupos o individualmente y que sorprenden y causan admiración a los senderistas que se preguntan “¿Esto qué es? ¿Quién ha puesto todo esto aquí?”

La respuesta la tienen Azucena Díaz y los hermanos Miguel Ángel y Juanjo González, propietarios de las dos casas que flanquean la entrada al enclave mágico. “Empezamos hace cinco años. Íbamos a tirar un montón de juguetes de nuestros hijos y decidimos colocarlos por el bosque. Pero hace veinte años que ya hicimos algo parecido en el árbol hueco que hay junto a la fuente”.

Empezaron como un “entretenimiento” y hoy es todo un espectáculo que no hubiera sido posible sin el amor a los juguetes y a los niños y la necesidad de hacer pervivir los recuerdos de la infancia de estas familias, que jugaban con sus muñequitos entre los árboles. El resultado es un bosque con cientos de juguetes, nuevos compañeros para viejos árboles.

Sólo de dinosaurios hay unos trescientos”, dice Azucena, quien no pierde la expresión de felicidad relatando la historia de los juguetes de sus hijos que un día decidió “salvar” e instalar en el bosque, propiedad de ambas familias, aunque de acceso público.

fot3No todos los juguetes los colocaron estas dos familias. La idea gustó a los clientes más asiduos de las casas rurales que regenta Azucena, la mayoría de Madrid, que ilusionados con la iniciativa, cada vez que vienen a Asturias van trayendo nuevos juguetes para completar esta fantástica población.

El origen de esta juguetería natural está en el enorme y centenario castaño hueco que hay junto a la fuente la casona. “Allí siempre creímos que habitaba un duende”, dice Azucena. El árbol tiene una pequeña abertura natural por su tronco, en la parte posterior, por la que se puede acceder agachado. Una vez en su interior, el espacio se agranda y caben dentro varias personas. Allí se colocaron los primeros muñecos, y los niños de este barrio iban a jugar o a bañarse a la fuente. Los dejaban allí y, con el tiempo, los juguetes se fueron extendiendo hacia el interior del bosque. “Allí entraban todos los críos a jugar y decían que había un duende”. Eran otros tiempos, en los que los pueblos asturianos conservaban aún a su población infantil, algo que ya no se ve hoy.

Las dos familias promotoras se lo han tomado muy en serio y han colocado un cartel indicativo para que los excursionistas sepan que van en dirección al “bosque mágico”, como lo han bautizado. No está en las guías oficiales de turismo. Es un secreto que se revela a los visitantes que muestran sensibilidad. Ni siquiera pretenden con ello hacer un reclamo que beneficiaría el negocio de las casas de aldea: “no lo hacemos por eso, sino porque nos entretiene y nos gusta. Es como una tradición que hemos ido cuidando”.

fot5En alguna ocasión los visitantes “se han llevado algunos juguetes” pero lo normal es que la gente los disfrute allí, los vea, y sus hijos jueguen y luego los vuelvan a dejar en su sitio para que los puedan disfrutar otros”, explica Azucena, que acude todos los días a hacer labores de mantenimiento de su “tesoro”, colocando los que se han caído por el viento, la lluvia o por el paso de animales que habitan en este monte. “Lo que más me dolió es que se llevaran un cofre, no por su valor, sino porque me dio rabia después de haberlo limpiado y preparado”.

Elefantes, grupos de caballos, ovejas, monos, arañas, casas de enanitos, Blancanieves… forman parte de los cientos de juguetes que han “tomado el bosque” y que se integran perfectamente en la naturaleza, dando la sensación de haber estado allí, junto a las hojas caídas, desde tiempos inmemoriales. Estas pequeñas figuras de plástico de todos los colores armonizan sorprendentemente con la madera, la hoja seca, el musgo y la yerba verde.

Además, los juguetes pertenecen a varias generaciones de niños, al menos desde los años setenta. Así, los que tengan más de cuarenta años pueden ver algunos de los muñecos con los que jugaban en su niñez y la evolución que en 40 años han ido teniendo, hasta llegar a los más modernos, más realistas y mejor acabados.

fot2Lo interesante de este bosque es, como dice su promotora Azucena, “que casi ningún asturiano, salvo los de aquí, lo conocen”. Lo han disfrutado sobre todo gente de fuera de Asturias, de Madrid, de Valladolid, de León o del País Vasco, que son las localidades de origen de los turistas que acuden a las numerosas casas de aldea de Corias.

Para Miguel Ángel y Juanjo, los propietarios de una de las casas del bosque, debe de ser toda una gozada ver los juguetes de su infancia por el bosque. Ellos llevan toda la vida acudiendo los fines de semana a su casa, que también parece salida de un cuento de hadas. Y es que, tras acceder al camino empedrado de La Casona que se dirige hasta la fuente y el bosque, uno tiene la sensación de que entra en otra dimensión, como cuando Alicia cae al pozo y se encuentra con otro mundo en donde la fantasía y la realidad se entremezclan.

El bosque mágico está gustando mucho, especialmente a los niños (sobre todo los que tienen entre 5 y 7 años que se creen de verdad que es un bosque encantado), aunque a los mayores también les gusta” dice Azucena, que no pierde la sonrisa en ningún momento y que disfruta relatando su historia.

Además, para esta praviana, hay otro elemento de toda esta historia que también le ilusiona, y es que “de esa manera ya hay un grupo de familias que no tiran ningún juguete a la basura y eso es muy educativo, porque saben que además si se rompen se pueden arreglar y limpiar.”

Azucena es consciente del encanto de este bosque misterioso y lleno de fantasía, incluso para su negocio, aunque prefiere que no se haga mucha publicidad “porque si no vendría mucha gente y se llevaría los juguetes”, aunque no le parecería mal enseñarlo, controladamente, a grupos organizados o colegios.

Corias, de la mantequilla al turismo

Corias se encuentra situado entre Cornellana y Pravia, a la izquierda del río Narcea, en la falda del extremo oriental de la sierra de San Damías. Este pueblo pequeño y de gran belleza siempre se caracterizó por ser emprendedor. En esta localidad existió un llagar de sidra, del que todavía se conservan las grandes pipas y los edificios que hoy ocupa un hotel. Pero además, aquí, a orillas del Narcea, nació una industria que con el tiempo llegaría a ser muy potente: Mantequerías Arias, empresa a la que hoy pertenecen otros quesos como Caprice des Dieux, San Millán, Angulo o Burgo de Arias. El origen de esta quesería se remonta a 1848. Antonio Arias tenía un pequeño establecimiento en este pueblo en donde preparaba mantequilla elaborada artesanalmente por ganaderos, hasta que en 1918 su hijo Ángel comenzó con la fabricación de quesos en una rudimentaria industria de la localidad de Nava. A finales de los años 60, la firma estadounidense W.R Grace la adquiere, bajo la dirección de Fernando Arias, nieto del fundador y en 1978 se fusiona con el Grupo Empresarial francés Bongrain, uno de los líderes mundiales del sector quesero. Hoy en Corias hay caserías que se dedican a la agricultura y de unos años a esta parte ha despegado con fuerza el turismo rural. En este pueblo se ubica un hotel de cuatro estrellas, Aguas del Narcea y las casas de aldea Fuente de la Xana, Vega del Narcea, La Casona I y II, la casina del Forno y Casa Pachín. También hay apartamentos rurales en la casa escuela y en la Casona del Alba.

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2 thoughts on “El bosque encantado

  1. Buenos días, me ha encantado tu entrada hablando del Bosque Encantado. Ese Bosque, antes pertenecía a Juanjo, Marichu, Miguel Angel y Octavio. Ahora ya es de todos los niños que van, y que ayudan a poner en orden los muñecos cuando algún jabalí u otro animal los descoloca, o cuando caen las hojas y se quedan tapados. También me ha encantado cómo hablas de Azucena, una mujer maravillosa y encantadora.
    Todos los veranos vamos allí; antes íbamos al Bosque con los hermanos pequeños, ahora con nuestras hijas. Ellas felices de ayudar a Juanjo y a Miguel Angel a colocar, llevamos más figuritas desde Madrid (todo el invierno reservando piezas para el Bosque). En verano celebramos también algún cumple multitudinario, para que no nos olvidemos de lo bonito de seguir aquí.
    Gracias de todo corazón por tus palabras tan cariñosas.

  2. Hola amigo, permite que te llame amigo, pues tenemos amigos comunes, los duendes de un bosque desconocido de Astúrias, como no domino esto de las nuevas tecnologías, yo soy de bosque, me ha sorprendido, pero mucho, tu relato sobre mi casa, el bosque de Corias, hay una pequeña corrección los que me ayudan a mantenerlo limpio, pues ya sabes que en otoño los árboles tiene la fea costumbre de tirarnos las hojas de encima, después el invierno con el frío y la lluvia hace que se recupere el maravilloso color verde del los diferentes tipos de musgo y helechos que también seleccionamos, bueno los que me ayudan son Álvarez no González, un apellido muy: ” de las Astúrias de Oviedo, que no sean…,” aunque nacieron el León, Miguel Angel y Juanjo, principalmente el primero, también participan más gente, aunque menos.
    Bien, te dejo que tengo mucho trabajo, pues llega la primavera y empiezan las visitas y tengo que tener el Bosque en “revista”.
    Hasta pronto.
    El Duende.
    Mi dirección es labrueba@gmail. com
    La Brueba es el nombre de la casa, que está más próxima a al bosque

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