Falciani, el hombre que sabe demasiado

Herver Falciani-2,2“Los bancos privados no están sujetos a ningún control y violan las leyes internacionales”

Helvé Fanciani al diario italiano Sole 24 Ore

Lunes 17 de diciembre de 2012, tres de la tarde. Las puertas de la cárcel de Valdemoro se abren. Ocho policías enviados por el Ministerio del Interior rodean a un hombre joven, moreno y delgado. Lleva un chaleco antibalas. Los escoltas, sin dejar de palpar el bulto que llevan bajo su chaqueta, miran nerviosos a su alrededor. Él se muestra inquieto, aunque aliviado por salir de la prisión en donde ha permanecido seis meses y dieciséis días. Es el hombre más odiado por millonarios, grandes corporaciones y la banca internacional, y su vida para los poderosos no vale nada. Se llama Hervé Falciani.

Y tiene su lógica. Los multimillonarios de todo el planeta esconden más de un tercio de todo el PIB mundial en paraísos fiscales. En España, según algunas fuentes especializadas, la economía sumergida representa el 25% del PIB. Y este ingeniero informático ha tenido la osadía de conseguir la información de las cuentas bancarias de 130.000 evasores, 3.000 de ellos españoles y cuatro asturianos. Hasta ahora solo ha filtrado un mínima parte, sobre todo de evasores franceses, griegos e italianos. De España solo ha salido un nombre: Emilio Botín. Los fondos no declarados que pueden salir a la luz pueden superar los 6.000 millones de euros, aunque algunas fuentes hablan de hasta 18.000 millones. Falciani tiene un arma importantísima, guardada en secreto en alguna parte, y también miedo. Ese arma no es la bomba atómica, se llama información.

Publicado en ATLÁNTICA XXII

Una historia novelesca

La historia comienza en 2006, cuando Falciani (Mónaco, 1972, casado y con un hijo), ingeniero informático francoitaliano que trabajaba para el banco británico HSBC en Ginebra y que había sido trasladado en 2000 de la filial de Mónaco, intenta alertar a las autoridades suizas de misteriosas irregularidades bancarias, tras descubrir que en su empresa se producían diariamente cientos de operaciones sin rastro y transferencias entre cuentas anónimas inmediatamente borradas con el programa Hexagon (que permite desplazar en un solo click fortunas entre Ginebra y Hong Kong sin dejar huella numérica). Al final de su jornada laboral, día a día y entre los años 2006 y 2008, va copiando en su Mac portátil los datos de miles de evasores fiscales de 180 países. No le hacen ni caso.

En marzo de 2008 la Asociación Suiza de Banqueros (Swissbanking) destapa la liebre y denuncia  que un tal Rubén Al-Chidiak, acompañado de  una mujer, Georgina Mikhael, en nombre de una sociedad llamada Palorva, se presentan el 4 de febrero en las oficinas del banco libanés Audi en Beirut. Según los banqueros suizos su objetivo es negociar la venta de una base de datos de clientes de bancos helvéticos.

La policía descubre que detrás de esa identidad se esconde Falciani y el 20 de diciembre son interrogados él y su compañera. En enero de 2009 las autoridades fiscales de Niza (a petición del Gobierno suizo) realizan una inspección en el domicilio de Falciani, sobre el que pesa una acusación de robo de datos personales, vulneración de secreto comercial y violación del secreto bancario suizo. Cunde el pánico en las altas esferas.

Falciani empieza a sentirse vigilado, llamadas telefónicas, extraños movimientos a su alrededor… Es consciente del daño que puede hacer y decide huir al sur de Francia. Se instala en Castellar, un pueblecito francés de la Costa Azul próximo a Italia. Suiza reclama entonces al país vecino que le entregue al “delincuente” con todos sus equipos informáticos, pero Francia decide utilizarlos en beneficio propio e identifica a más de 8.000 supuestos defraudadores franceses. Las arcas del Estado galo recuperan 1.200 millones de euros gracias a Falciani. Gran sorpresa inicial que deriva en un conflicto diplomático entre ambos países. Parte de los datos de los archivos de Falciani se publican en la revista griega Hot-Doc y su director, Vaxevanis Costas, es detenido por ello, aunque posteriormente es absuelto por la Justicia. Consiguió sacar a la luz a 2.000 evasores griegos (políticos incluidos).

En octubre de 2010 el secretario de Estado de Hacienda Carlos Ocaña confirma que 3.000 (los policías del ‘caso Palau’ que visitaron a Falciani en la cárcel hablan de 1.800) ficheros de ciudadanos españoles remitidos por Francia permitieron a la Agencia Tributaria “abrir el mayor proceso de regularización de la historia del fisco”. De ellos el Estado ya ha localizado a 659 defraudadores. Hacienda sigue los pasos de Francia y envía una carta a los evasores invitándoles a regularizar su situación sin costes penales. Cuando se inicia el expediente sancionador empiezan a llegar respuestas. El resultado no será tan satisfactorio como en el país vecino: solo se han recuperado 220 millones defraudados, de los cuales 200 corresponden a la familia Botín. De las cartas enviadas 32 tuvieron destinatarios en la Comunidad Valenciana, 400 en Madrid, 20 en Galicia, 20 en Baleares y 4 en Asturias.

Hervé prosigue su éxodo. Se marcha de Francia. Embarca en el puerto de Setén con destino a Barcelona. El 1 de julio es detenido en el puerto de la capital catalana por la policía española. Tuvo mala suerte: tocaba inspección rutinaria y, al mostrar su pasaporte, la policía es alertada de la orden de búsqueda y captura que recaía sobre él por parte de Suiza. El prisionero ingresa en la cárcel de Valdemoro en Madrid a la espera (larga) de que la Audiencia Nacional se pronuncie sobre la petición de extradición del Gobierno suizo.

 

Prisionero del Gobierno español

En la cárcel se siente solo pero sabe que muchos le apoyan y está convencido de que su lucha se ampliará, según expresa en una carta: “Espero poder tener la oportunidad de poder participar todavía más en esta guerra de forma más eficiente y con más personas. Tenemos que estresar, molestar, seguir insistiendo a los políticos para que cambien las leyes contra los crímenes fiscales”.

El Gobierno español se hace entonces carcelero de Falciani a pesar de que, gracias a su información, la Agencia Tributaria está investigando a grandes defraudadores. Muchos ciudadanos, ya soliviantados por el trato privilegiado que el Gobierno otorga a la banca, no entendieron que el Estado encarcelara a un hombre por colaborar con la Justicia.

Seis meses después, la Sección Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional decreta la salida de prisión del antiguo empleado del HSBC aunque le obliga a comparecer cada tres días en la comisaría más próxima a su domicilio y le prohíbe abandonar España. La petición de extradición, sin embargo, no está aún resuelta. El Gobierno suizo acusa a Falciani de violar el secreto bancario de este país, una acusación que no está tipificada en el Código Penal español.

El informático cubre bien sus espaldas legales y elige como abogado a Joan Garcés, un jurista ilustre y veterano experto en derecho internacional que fue asesor de Salvador Allende y de François Mitterand, entre otros. Y aunque el propio Falciani expresó en la mencionada carta que  “ahora es el tiempo de hablar claro y fuerte, dejar que nuestras voces, opiniones y propuestas sean conocidas”, lo cierto es que Garcés, con quien contactó ATLÁNTICA XXII, no quiso hacer ninguna declaración de momento. Prevalece el secretismo por medidas de seguridad. Nadie sabe dónde está el hombre que sabe demasiado.

 

¿Héroe o villano?

Queda la duda (y seguramente los banqueros suizos tratarán de difundirla) sobre si Falciani actuó por destapar el escándalo o por dinero. Georgina, la acompañante a la que se interrogó en Suiza junto a él, aseguró en enero de 2010 al diario Le Monde que “el objetivo de Falciani era vender esos datos y conseguir dinero a cambio, no luchar contra Al Qaeda como él dice”. Sin embargo las declaraciones públicas y privadas de este ingeniero van por otro lado y expresan un convencimiento en la maldad del sistema bancario: “No es posible seguir los flujos de dinero y hay un sistema a escala industrial que usa las sociedades pantalla para esconder el dinero al fisco en paraísos fiscales”, declaró al periódico digital italiano Sole 24 Ore.

¿Qué motivó a Falciani a tomar una decisión tan arriesgada y hacerse con una información sobre los principales evasores de impuestos del mundo arriesgando su propia vida? Aunque los banqueros suizos le acusan de hacerlo por dinero, de las dos cartas a las que accedió ATLÁNTICA XXII se desprende que detrás hay un hombre concienciado con un problema y dispuesto a presentar batalla por un ideal de justicia.

Salvo IU, que ha sido persistente a través del diputado Gaspar Llamazares, hasta la fecha los partidos políticos españoles han reclamado tímidamente al Gobierno que no extradite a Falciani. En España hoy por hoy no sería legal hacer pública la lista de evasores de Falciani sin una modificación de la normativa. Llamazares explica que, sin embargo, en virtud de un convenio de 2006 entre España y Suiza, se puede levantar la confidencialidad de esas cuentas, aunque no hacerlas públicas. El diputado recuerda que en 2010 su coalición pidió al Gobierno ese cambio de normativa para publicar las cuentas de los evasores, a lo que el PP se negó con el apoyo del PSOE y otros grupos parlamentarios.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció recientemente que en los próximos seis meses el Gobierno hará públicos los nombres de los contribuyentes que hayan evadido más de 120.000 euros, algo que a Llamazares le parece raro, ya que en otros países europeos es a partir de 60.000. Interpreta que en la misma clase política puede haber evasores por cantidades menores a 120.000 euros y de esta manera se les protege.

Más ruido que los políticos de la oposición lo han armado los grupos del 15-M. En diciembre convocaron una concentración ante la sede del HSBC en Madrid por la libertad de Hervé. Por otro lado se está moviendo una petición colectiva pidiendo a la Audiencia Nacional la no extradición del informático y se han creado varios grupos de apoyo en las redes sociales.

 

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