Reaparece el viejo cuartel de Llugarín

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A Víctor Montes, montañero y restaurador de las antigüedades del Naranco, le corresponde el mérito de redescubrir una joya del patrimonio histórico ovetense, de incierto origen, el llamado Campamento de Llugarín. Víctor Asegura que es un cuartel carlista, aunque es improbable, ya que como señala el estudioso José Luis García López del Vallado “los carlistas en Asturias eran bandas armadas y nunca tuvieron establecimiento propio. Más probable es que el cuartel fuera construido ante la invasión napoleónica para proteger el puente de Cayés”, dice Del Vallado. Algunos testimonios vecinales señalan que este lugar  fue utilizado hace más de cuarenta años como zona de tiro por los soldados del Milán. En cualquier caso, el edificio impone por sus grandes dimensiones y su buena fábrica de grandes sillares, arcos y una estructura austera pero de bellas formas que hasta el pasado mes de julio estaba oculto por artos y helechos.

Con paciencia y tiempo, la ayuda de modestas herramientas, y sobre todo mucho amor por recuperar el pasado de Oviedo, Montes ha ido desenterrando una a una las caballerizas del cuartel, ha podado y limpiado de vegetación este antiguo edificio y aunque dice que todavía le quedan seis meses de trabajo, ya se puede ver la estructura de una imponente casona de 60 metros de largo por 20 de ancho. La restauración de este edificio, situado dentro de los terrenos de la cantera de Aceralia, en la cara norte del Naranco, le ha dado algún susto. Hace dos semanas tuvo que avisar a la guardia civil porque mientras desenterraba las piedras se encontró con un obús sin estallar, probablemente de la guerra civil, que fue llevado de allí por los artificieros de la Benemérita. “Me llevé un susto muy grande porque estaba con el pico y si le llego a dar vuela todo”, explica.

José Luis García Lòpez del Vallado,  escribió una obra titulada Restos históricos y etnográficos en el Naranco en la que dice que este cuartel  llamado Campamento, en un pequeño promontorio sobre La Trapa y el Cierro Marino, “debió construirse en 1916 (o tal vez uno o dos años antes, según otras opiniones)” y  contaba con cuadras para los caballos (desenterradas ahora por Montes) y, al otro lado del arroyo Campaneo, un campo de tiro (ese nombre se le daba) o, al menos, un terreno contra el que se disparaba, probablemente desde las inmediaciones del cuartel y por encima del reguero.

Publicado en Oviedo Diario

López del Vallado recoge que ya en 1918 se atribuía su construcción al general Manzano y “estaba en relación con el ambiente social, muy conflictivo, que en Asturias venía degradándose rápidamente  al menos desde principios de siglo; con las guerras de África (desde 1909). Ese ambiente se deterioró aún más, y también, unos años después, con la primera guerra europea. El 15 de julio de 1916 Bernardo Álvarez del Manzano, gobernador militar de la provincia, publicaba un bando por el que, a causa de la huelga en Asturias de gran número de industrias y minas (en ese momento también las del Naranco), se clausuraban las tabernas y se ordenaba la reincorporación de los huelguistas a sus puestos de trabajo en un plazo de 24 horas. Los contraventores serían considerados sediciosos, y sus dirigentes, arrestados y juzgados ante un tribunal militar.  Si ésta no fue la causa inmediata y directa de la construcción del Campamento, revela la atmósfera en que se ordenó levantar”.

Este mismo autor señala que en 1918 las tropas de Oviedo se ejercitaban al tiro en tres lugares: el Pico Sierra (Colloto, ya en Siero), en Lugo de Llanera y en el campamento llamado Nuestra Señora del Rosario, “nombre quizá sorprendente para un campo de tiro, pero que en este caso podría explicarse si el terreno para el cuartel hubiese sido cedido, donado o vendido por María del Rosario González Argüelles, esposa de Juan Uría”. Uría fue diputado y alcalde de Oviedo y tenía fincas en esta zona. “Fuera de los ejercicios de tiro contra la ladera del otro lado del arroyo, es dudosa la utilidad que haya podido tener el Campamento”, añade.

Tras sus investigaciones Del Vallado no llega a una conclusión definitiva aunque no descarta que el cuartel fuera de la época de las invasiones napoleónicas, en 1809: “hay una carta del general Bonet  de esa fecha en donde hace mención al campamento situado en esta zona y puede ser que existiera para proteger el puente de Cayés” , declaro a OVIEDO DIARIO.

Hay sin embargo cierto misterio. En las descripciones de las fincas de la zona en el siglo XIX que consultó este investigador no se hace mención alguna a la existencia de un cuartel, aunque sí se habla del toponímico “Campamento”. Por otra parte, la única prueba de que ese cuartel funcionaba es muy posterior, “ya que es a partir de 1918 y hasta 1920 cuando en los libros parroquiales empiezan a registrarse matrimonios entre gente del pueblo con soldados de fuera de Asturias”.

 

Caballería carlista

Sin embargo Víctor hace referencia a otro escrito en el que se recogen testimonios de los vecinos de la zona que datan su origen en las  guerras carlistas. En un documento que ha colocado sobre uno de los sobrios muros para que lo puedan leer sus futuros visitantes se recoge el siguiente texto:

“Desde siempre es conocido por los vecinos de Villapérez,  (esta) vieja construcción de piedra de sillería (no queda nada de ventanas, puertas y cubierta). Dicen los vecinos que fue un antiguo cuartel de la caballería carlista que contaba entre 1872-1875 con varios escuadrones y una sección de lanceros que operaba principalmente en el valle del Caudal. En un plano de 1929 del término municipal de Oviedo ya se recogen estos cuarteles como “el campamento” sito en el lugar de Trapa (El Lugarín).

Las ruinas del cuartel a punto estuvieron de ser asoladas durante la explotación de las canteras de Ensidesa pero se decidió abandonar la extracción en esta zona. Su última utilización fue por el Regimiento de Infantería Milán número 3 (hoy Príncipe) de guarnición en Oviedo hace más de cuarenta años como campo de tiro y maniobras.”

Montes, un ovetense que desde hace más de 30 años visita y patea casi diariamente el monte Naranco, decidió restaurar, o al menos limpiar y dejar a la vista, este antiguo cuartel. Calcula que habrá acabado los trabajos para este próximo verano. Mientras tanto, ya se ha encargado de señalizar el acceso al “campamentu” desde varios caminos para que los excursionistas puedan admirarlo.

“Hablando con los paisanos de la zona me hablaron de unas ruinas carlistas muy abandonadas. Vine hasta aquí y con una foz empecé a limpiar y salió a la vista todo el cuartel”. El edificio ofrece al espectador una vista impresionante, pues emerge en mitad del bosque, casi lindando con las canteras de Ensidesa. Sus paredes tienen una anchura de un metro y sus piedras son de buena fábrica, sillería bien trabajada y ocupa una superficie de unos 1.200 metros cuadrados que podría dar cobijo hasta 300 soldados. Tiene varias caballerizas y una pequeña sala que según Víctor pudo alojar un polvorín o un calabozo. En este habitáculo los vecinos le dijeron que hay un acceso a una galería subterránea que sube hasta el monte y cuya salida “estoy tratando de buscar”. Esa es otra de las tareas pendientes que tiene este montañero de 60 años, y que conoce el mundo entero gracias a su antiguo empleo como jefe de máquinas de la marina mercante.

Otro de los usos que Víctor cree que tuvo, según las diversas informaciones que ha ido recogiendo, es que sería un cuartel de “soldados de cuota”, hijos de familias pudientes de Oviedo que pagaban por evitar ir a las guerras que entonces tenía España (en África, en Cuba…) y entonces les obligaban al menos a recibir instrucción y les daban un cursillo militar no muy lejos de sus casas.

Fragmentos de pizarra

Mientras iba quitando maleza y tierra aparecieron numerosos fragmentos de pizarra que posiblemente cubrían el tejado. También encontró una pota de grandes dimensiones (“sería para el puchero” dice) y una máquina de coser Singer de las de principios del siglo XX, además de varias herramientas agrícolas antiguas.

El cuartel es de planta rectangular y su eje principal está orientado de Sur a Norte.  Así describe sus ruinas López del Vallado: “Hoy está al borde de una inmensa cantera escalonada en varios niveles que se hunde en un verdadero abismo. Al cuartel le faltan pisos y cubierta, pero las paredes en pie, con alguna sillería y lo más en mampostería, están construidas con una hermosa caliza clara que procedería de las pequeñas canteras que había en la zona al tiempo de la construcción, de las que por entonces también se sacaba piedra para edificios de Oviedo. Tenía un piso bajo, un principal y probablemente un sótano (que está excavando Montes), con cuadras para caballos en este sótano o en cobertizos adosados a la fachada larga vuelta al oeste. La planta tiene forma de T. Parece que en tiempos de su construcción se empezó a hacer una carretera que llevase al cuartel, pero tal vez no se terminó por completo; en todo caso, el cuartel se alcanzaba fácilmente por la caja, ya entonces abandonada y sin railes, del trenecillo minero de Villapérez. Hoy ése es uno de los posibles accesos.” Este trenecillo circulaba por donde transcurre hoy la Pista Finlandesa del Naranco y transportaba el hierro de las minas de Villapérez que posteriormente iban para la Fábrica de Mieres. Una de esas minas se encuentra situada a escasos metros de las ruinas del antiguo cuartel.

Así veía este autor las ruinas antes de la intervención de Víctor Montes: “El lugar está sumamente degradado. La profusión de escayos en torno a la construcción impide apreciar en conjunto y por entero el edificio y más detalles constructivos o de otra clase, pero el acceso al interior, hoy muy difícil, podría revelar datos de interés.”

No se confundía López del Vallado. El interior, ya a la vista, ofrece una muy interesante estructura de edificación y aunque haya dudas sobre su verdadero origen lo cierto es que la modesta intervención de Víctor Montes ha servido para sacar a la luz un elemento del patrimonio histórico ovetense y, con su identificación, evitar su desaparición, así como ofrecer a los senderistas del monte la posibilidad de acercarse a las numerosas historias y misterios que alberga el monte ovetense.

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4 thoughts on “Reaparece el viejo cuartel de Llugarín

  1. Un muy buen artículo.Se lo agradecemos.
    Un pequeño detalle.El apellido de nuestra familia es Monte (sin s)
    Gracias.
    Antonio Monte.-

  2. Gran entrada. Hace poco un amigo me habló del cuartel y buscando información dí con tu blog. Intentaré visitarlo tan pronto como pueda. ¿sabes desde donde será el acceso más sencillo?. ¿Quizás bajando desde la pista del periurbano hacia las canteras?. Un saludo.

  3. Descubrí este sitio por indicación de unas señoras que paseando me crucé en una de mis salidas a correr por el monte Naranco. No se si primero quiero agradecer o felicitar el trabajo al Sr. Antonio Monte por su dedicación y esfuerzo en la recuperación de este sitio, han sido unas cuantas las visitas desde que descubrí este sitio y a todas las personas que voy llevando hasta allí quedan maravilladas con este trozo de historia.

    1. Dear Avelino: Es a mi hermano Victor Monte a quien Ud.debe de felicitar.Él es el héroe de la historia.
      Un saludo.
      Antonio.

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