Degaña, la última batalla

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Aquí estoy con los mineros de Cerredo que cortaron los accesos/ Foto de María Suárez

El pozo Cerredo, del Coto Minero del Cantábrico (Grupo Victorino Alonso), parece una explotación que surge de la nada, en mitad de la montaña, a una cota de 1.217 metros. Hay poco movimiento y nieva abundantemente. Blanco sobre negro. La limpia nieve va tapando el sucio rastro carbonero de los camiones. El termómetro marca cero grados. Un par de kilómetros más arriba, por la carretera privada que comunica los pozos con Ponferrada, un grupo de mineros combativos han construido un “chabolo” y han establecido allí su puesto de mando. El objetivo: impedir que los camiones de Victorino Alonso carguen carbón en Cerredo para las térmicas. Saben que sólo les queda la lucha porque, cuando se cierre su mina, lo siguiente será el abandono de estos pueblos, la emigración… La movilización surge por la presentación de la empresa de un ERE de extinción. El 20 de este mes se ejecutará y 169 mineros irán al paro. 37 son de Degaña, el resto de concejos limítrofes y de León. La plantilla total de Cerredo es de 261 mineros. Las medidas de recortes y despidos afectan sobre todo a los que trabajan en el interior de la mina.

Cerredo no parece el típico poblado minero, gris, lleno de talleres, lavaderos de carbón, un poco deprimente. Todo lo contrario, es un pueblo de montaña bien trazado, de gran belleza, en donde se observa que hasta no hace mucho sus habitantes vivían prósperamente. Casas nuevas o reformadas en las que habitan unos 800 vecinos. Calles bien asfaltadas y con farolas de forjado. Se observan buenos coches, muchas tiendas, dos bancos, y hay 8 bares, de los 20 que tuvo. Hasta llegó a tener cine. El origen de todo ello es la mina, única fuente de ingresos del concejo y que ahora declina. Pero también se beneficiaron del dinero de los Fondos Mineros. Y aunque algo quedó de estos dineros para obras públicas, nada hay de lo principal: industria alternativa. Ese era el verdadero destino de esos fondos, crear tejido económico alternativo que en un futuro (ahora presente) evitara el fin de un concejo. Ahora es tarde y ya no hay dinero. De ahí el miedo y la incertidumbre. Hay caras largas y todo el mundo es pesimista, aunque aseguran que lucharán hasta el final.

Publicado en Oviedo Diario

 

Cerredo, el núcleo más poblado

Después de la guerra civil se empezaron a desarrollar en Degaña sus yacimientos hulleros. Este desarrollo también trajo cambios urbanísticos destacables, así su capital Degaña que era la principal localidad, pasó a un segundo plano, frente al empuje de Cerredo que siendo un pequeño enclave rural se convirtió en el núcleo más habitado del concejo.

Mientras en Cerredo, a pesar de la nevadona y el frío, aún se ve ambiente y animación por la calle,  Degaña la capital que da nombre al concejo, 5 kilómetros más abajo, parece un pueblo fantasma. Casas cerradas, calles vacías y sin comercio. José Manuel Fernández, del PP, es el alcalde de este concejo minero. No para. Entra y sale, tiene reuniones con unos y otros, con mineros y vecinos, llamadas telefónicas, conversaciones con vecinos que le paran por la calle… Es una situación de crisis. “Todos los huevos están en el mismo cesto y si se rompe cerramos el pueblo y nos marchamos”. “¿Y dónde están  los fondos mineros?” -se pregunta- “Fue un despilfarro y no se creó nada alternativo”.

El Gobierno ha anunciado un nuevo Plan Minero para marzo pero no se fían. “Espero que lo arreglen por el bien del concejo y de los concejos vecinos. Nosotros hemos presentado una moción diciendo que se presente un nuevo plan y pidiendo al Gobierno regional que intervenga, pero no hacen más que pasarse unos a otros la pelota.” ¿Y Victorino Alonso, que no paga atrasos mientras no se liberen sus subvenciones?: “Ese señor debería de humanizarse y ver lo que hace”. “Aquí pagamos una deuda el otro día de 75.000 euros de los gobiernos anteriores, y estamos recortando por todos los lados. Pero no tenemos capacidad para dar alternativas al cierre de las minas”.

No hay familia que no tenga a alguno de sus miembros trabajando en la mina de Cerredo. Angélica Vázquez, que trabaja en la hostelería, tiene a su marido retirado del pozo y ve que la situación es “muy difícil, porque Degaña y los alrededores dependen de esta mina”. Pero, aunque hay pesimismo general, dice que también “hay ganas de luchar”.

Si se produce el cierre de las minas “¿A dónde irá la gente. Los mineros no saben hacer otra cosa y los fondos mineros se usaron para cursillos de corta de jamón y de cata de vino”, ironiza el alcalde, que también fue minero.

Tampoco el ayuntamiento puede ofrecer una alternativa económica por falta de recursos. “Habíamos propuesto que con los fondos mineros se construyera un polígono industrial en Degaña, pero nos contestaron este último año pasado que no había dinero”, dice el alcalde. Durante estos días se están celebrando diversas reuniones para tratar de desbloquear la situación “pero no veo salida a corto plazo”, añade.

José Manuel Fernández cree que en estos momentos no puede haber en Degaña discusiones políticas por diferencias de ideas o de planteamientos y que las rencillas deben aparcarse “en favor de la minería, porque no nos queda otra que estar unidos”.

 Época dorada

La época dorada de Degaña fue hace cuatro o cinco años. Se ganó mucho dinero porque el pozo de Cerredo es un buen yacimiento y hay buenas capas de carbón de hulla. De ese dinero quedaron prejubilaciones y ahorros y es lo que está permitiendo resistir ahora que vienen las vacas flacas. Desde el año 1998 el censo está bajando en este concejo, que creció alrededor de la mina y se mantuvo estable siempre, llegando a tener el segundo porcentaje de gente joven más alto de Asturias, después de Corvera.

Durante estos años había dinero en el pueblo y muchos mineros compraron pisos en Oviedo, Gijón y León y enviaron para allá a sus hijos a estudiar “mientras cierran aquí sus casas, la mayoría de ellas ya vacías”, dice el alcalde.

Y se entiende que haya temor. Javier Álvarez, prejubilado de la mina, dice que la culpa de todo es de Victorino Alonso “porque todos los pozos que coge cierran”. Explica que en Degaña la mayoría de las casas están ya vacías y dice que “alguien se quedó con el dinero de los fondos mineros”.

Lorena Nava es de Villablino, aunque lleva 7 años en Degaña. Explica que a su marido, minero, fue de los primeros que echaron en la una huelga contra Victorino Alonso y se queja de que no se hayan explotado otras posibilidades económicas alternativas: “esta es una zona muy guapa y se podía haber hecho algo por el turismo pero cuando había dinero no se invirtió”. Para José Antonio, que trabaja en la depuradora, la cosa “está muy jodida” porque muchos de los que van a despedir “tienen más de cuarenta años y a ver dónde van a ir”.

Raquel Vega sabe bien que de la mina depende el resto de los negocios. Ella tiene una tienda de alimentación y ve el futuro como el carbón, “muy negro”. Dice que hay miedo “porque somos muchas familias las que dependemos del carbón”.

 Cortes de carretera

Algunos mineros ya están en la barricada. Un grupo de ellos, pertenecientes a los sindicatos CCOO, SOMA-UGT y USO están cortando la carretera para los camiones que cargan carbón en Cerredo desde el pasado 4 de febrero. A pesar de lo que se les viene encima mantienen el buen humor, la camaradería y la moral alta. Saben que tienen que parar el ERE que extingue el contrato de 169 compañeros y van a combatir por ello. Su lucha está siendo apoyada por todo el pueblo y hasta los hosteleros del concejo se han solidarizado y les están dando comida y bebida para ayudarles a sobrellevar estos fríos días.

Entre ellos hay bastantes jóvenes que ven que su futuro se va a cortar si acaba la mina. “Victorino nos está machacando pero los políticos tampoco hacen nada por la minería. Que nos dejen trabajar. Si se arregla lo nuestro se arregla lo de todo el concejo”, dice uno de los encerrados, Luis Manuel Fernández Ramos, miembro del comité por UGT.

La empresa se escuda para no pagar los atrasos de los mineros en que las ayudas del 2012 al carbón no se han tramitado (ascienden a 111 millones de euros). Además, la patronal pide modificar el marco legal y ampliar las ayudas del 2014 al 2018. “A Victorino no le vale nada, porque también quiere que se le aumenten los pedidos de carbón para las térmicas” dice Luis. Actualmente los pedidos de Cerredo son de 300.000 toneladas, que es trabajo para tres meses y 1,5 millones de toneladas de cielo abierto.

Sin embargo, para los mineros esa no puede ser razón para rebajar sus condiciones laborales. Como dice Moisés Díaz, responsable de organización del SOMA en la minería del Suroccidente “Victorino Alonso está tomando una serie de medidas que empeoran nuestras condiciones y que no aceptamos, como una bajada del sueldo de más del 50% pero, eso sí, incrementando la jornada en un 20%, además de una pérdida de las condiciones pactadas en convenio”.

La postura de la empresa es inamovible y las últimas reuniones con el comité no han cambiado la decisión de despedir a 400 mineros del Grupo en las próximas semanas, 169 de ellos en la explotación de Cerredo. Los responsables de la empresa Coto Minero Cantábrico (CMC) ya han dicho que no habrá negociación posible para revocar los despidos, salvo que el Gobierno pague las ayudas de 2012 o bien apruebe el nuevo real decreto que prima el consumo de mineral español en las térmicas.

Queda alguna esperanza. El Ministerio de Industria, los sindicatos UGT y CCOO y la patronal Carbunión se reunirán la primera semana de marzo para iniciar las negociaciones sobre el diseño de un plan de futuro para el sector del carbón. La situación actual de Cerredo podría cambiar si, tal como apuntaron los sindicatos tras la reunión, se confirma la finalización de un “proceso administrativo” que permita abonar las ayudas pendientes de 2012 una de las salidas para desbloquear el ERE.  También se prevé que la resolución por garantía de suministro para este año se ponga en marcha esta misma semana.

En caso de no desbloquearse la situación, CMC pretende mantener únicamente la actividad que se realiza con las marchantes, de manera mecánica y que emplea a los 85 trabajadores que siguen hoy en activo. Junto a ellos se mantendrán en la plantilla de la empresa los trabajadores de exterior y auxiliares hasta completar 210 puestos de trabajo.

Sigue nevando y la carretera queda cubierta. Blanco sobre negro. La huella del carbón va desapareciendo.

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